Señoras y señores…¡ÓMICRON!

No podía ser de otra manera. Se acerca la entrañable festividad de la Navidad, que la Europa cristiana celebra en familia, una fiesta de carácter religioso que se ha perpetuado durante siglos en el mundo y ha sido base de felicidad y el único momento en el que todo el mundo se ha puesto de acuerdo para parar una guerra.

 

Todo el párrafo anterior, le repugna a la actual clase política de toda nación que se precie. Se habla de felicidad, religión, familia, paz… no les vale, esto no les genera prosperidad por lo visto. 

 

El secreto del progre de turno es que la familia desaparezca, que los bebés no nazcan, que la gente se retire triste y sola a su casa, que negros y blancos se odien, que mujeres y hombres se odien, que se odie todo el que tenga posibilidad de odiarse, porque para el progre eso es lo que hace que el mundo ruede. Qué gran error por parte de Queen, no eran las chicas de culo gordo las que ponían en marcha al mundo (aquí), eran las peleas, el odio y la envidia.

 

Y como hasta ahora el tema covid no parece que les acabe de dar el resultado previsto, y las vacunas producen más ictus, trombos y miocarditis de las previstas (o espero que así sea, realmente me hacen dudar, quizás sean pocos los casos para sus previsiones), se les ocurre una cepa nueva de un virus que hasta el momento no ha sido aislado ni secuenciado, pero ellos ya saben cómo funciona y en vista del tema, deciden que se llame Ómicron, saltándose la peligrosísima cepa nú, que venía para matarnos a todos, pero quedó en una tontería.

Parece que la Nu vino cuando estaban los responsables de los medios de desinformación de vacaciones y nadie se contagió de esta variante mortal de necesidad, casi con sólo mirarla se te agarraba al pecho y morías sin tiempo de despedirte de tus familiares, cosa que dicho sea de paso, alegraba al personal progre sobremanera. 

Y pasó de tal forma que cualquiera la podría haber confundido con una simple, pero súper mortal, gripe A (siempre la recordaremos como un gran primer intento).

 

Visto el resultado de todas las variantes desde la famosa Delta hasta la desconocida Nu, han decidido que la nueva tenga como síntomas lo que vienen siendo los efectos secundarios de las «vacunas» de la pharma mundial. De esta forma, a sabiendas de todo lo que han producido con los pinchazos a medio mundo (quitando sitios pobres que como no pagan no se contagian) ahora se cubren las espaldas diciendo que es una nueva mutación que ya no ataca a los pulmones, sino al corazón y al sistema circulatorio con trombos varios.

 

Han tenido algún problema en el plan de contagios, algún medio se ha despistado y ha publicado estudios que no son dignos de confianza ninguna:

Pero una vez corregidos y acabada la disidencia, se vuelcan en lo que realmente importa que es, claro está, el terror impuesto a una población inculta y sin medios de información (esto lo digo por lo que se ve, no porque lo sepa o sea verdad).

Ahora ya el contagio es rápido dado que los efectos secundarios de los fármacos experimentales inoculados a la población están matando y seguirán matando sin cuartel y de esa forma el pánico se arraigará en la vida de la gente de la calle y no habrá familias reunidas en Navidad, no habrá canciones alegres a no ser que nos digan que cantemos en los balcones a los protas de los tiktoks, no habrá abrazos, no habrá nada.

 

Estos mierdas, capitaneados por el dinero más repugnantemente ganado en la historia de la humanidad, se cargarán todo a base de matar con fármacos experimentales a quien se deje.

 

El único miedo que hay que tener es el de no ser libre. Y la libertad se echará de menos cuando veamos que la hemos perdido. Y nos dolerá mirar hacia atrás y ver que podíamos haber levantado el culo del sofá y haber dicho NO, NI UNA MÁS.

Por eso paso del Ómicron, del Nú y de todos los hijos de la gran puta que han montado este show con el único fin de arruinar la felicidad de la gente. Paso de sus experimentos, paso de sus recomendaciones, paso de sus órdenes, paso de todo lo que venga de esa gentuza. 

 

Quiero vivir mi vida, sin molestar a nadie, sin que me molesten, llevándolo lo más dignamente posible y ganándome con o sin mi esfuerzo las recompensas que sean justas. No quiero regalos, quiero mi vida, quiero poder ser feliz, quiero abrazar a mi gente sin que me hagan cobras, quiero poder salir a la calle y que nadie me mire mal por no llevar una mierda de bozal cuando los que me dicen que lo lleve no lo llevan. Quiero, sobre todo, que la justicia exista, y que se haga cargo de todos y cada uno de los que han ayudado o amparado esto y se pudran en una cárcel. Quiero que se juzgue a cada médico que pasó del protocolo normal al covid y dejó morir gente de neumonía por no tratarla al «ser» covid, quiero que que se juzgue a cada ministro, presidente o vicepresidente responsable de cada vida perdida por actuar con mala fe por seguir dictados a todas luces equivocados. Quiero que a cada persona que rechaza la libertad se le encierre con o sin pase covid, quiero que se castigue a China por delitos contra la humanidad. Quiero que la libertad vuelva a ser la libertad  de todos, quiero que los progres entiendan que se puede ser progre sin odiar ni enfrentar…

 

Quiero una quimera, ser libre.

 

Y ya no se puede, parece que más de la mitad de la población se traga todo lo que le vende una televisión sin pensar ni un poco en lo que pasa, sin leer, sin investigar.

Por eso, paso de Ómicron, y paso de todos los que vengan detrás, prefiero morir de pie que vivir arrodillado (¿les suena?), y si tengo que morirme, moriré en paz conmigo, al menos eso no me lo van a quitar.

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